jueves, 5 de enero de 2012

Huertas-Malasaña



Al volver a casa veo la pared de cemento en la puerta del Hotel Madrid. Otra evidencia más: hay cierto pesimismo en el aire. Todos hablan de lo mismo a mi alrededor y tengo la sensación de que una realidad plomiza se ha apoderado del cielo de este país. Es como si el apocalipsis que anunciaran los mayas estuviera preparando su llegada. No sé desde cuándo, no sé qué, pero hay algo raro en el ambiente. La ciudad ha dejado de brillar como lo hizo en primavera, como seguía deslumbrando en verano, como iluminaba, suave y nostálgica, el otoño que se fue sin darnos cuenta.

Hace unas horas un polvo de harina llenaba un escenario. Una voz y otra y otra más. Los acordes de una guitarra, las frases antiguas de un libro de la tierra. Un orgullo ajeno me hincha el pecho y me remueve. Me conmuevo cuando voy y veo, cuando descubro que a veces las cosas ocurren: el esfuerzo merece la pena, lo ambiguo se vuelve concreto. Y sin más (sin menos) se cumplen. Se logra. Funciona. Y entonces quiero creer, quiero escapar de ese pesimismo del ambiente, de la resignación de este guión mal escrito.

Después abandonamos el teatro y olvidamos las promesas. Nos bebemos una caña, nos comemos una tosta, abandonamos el barrio de las letras. El cemento del Hotel Madrid me devuelve a la realidad. Hay algo extraño en esa calle que siempre me hace recordar a hombres que me hicieron vibrar. Miro la luna que ya no es la sonrisa traviesa de Oporto y cruzo Sol. En Callao los operarios bajan las luces de Navidad de los grandes almacenes. Ha debido terminar y yo sin enterarme.

Me ha picado un mosquito en el escote en pleno enero y me pregunto cómo es posible (el mosquito y el escote), atravesando la Gran Vía, oscura y denostada. Pero hay cosas que no se explican. De repente tengo miedo, de repente no. Es una certeza que me recorre por dentro y no me importa esperar. Sé que es y que será, no tengo prisa. Pero esa misma certeza me tambalea entre tal vez. Porque tal vez no sea certeza sino deseo. No sea real, sino ilusión. Y no sirva de nada esperar. Se desvanecerá como los sueños al llegar el día.

Hace tiempo que no hay nadie en la pista de hielo de la plaza de la Luna.
Tampoco en mi cama.
Duermo.

2 comentarios:

NADIE dijo...

Prepara esa camitaaaaa.......ME LLAMO NADIE.
Como te capto neniiiiiiiiiii, me encanta como lo cuentas...mucho tiempo juntas ultimamente, eso tambien me gusta.

Prepara esa camitaaaaa.......ME LLAMO NADIE.

Aroa dijo...

Solo te digo: Berlin-Madrid.

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas