martes, 7 de abril de 2009

Madrid - Berlín



Frauke se marchó esta mañana. La llevamos en coche hasta el aeropuerto y durante el viaje hablamos poco y soltamos los típicos tópicos que esta vez eran totalmente ciertos. Se nos fue el tiempo volando, cómo es posible, te acuerdas cuando me dijiste que te daban las prácticas, todo lo que faltaba y mira, ya se ha pasado.

Las puertas correderas de la T1 engullen su cabeza rubia de Bella Durmiente y al llegar al trabajo surgen complicaciones y olvido que de nuevo llegamos al fin, como en tantas cosas. Siempre yendo y viniendo. Siempre empezando cosas que sabemos que se acabarán y que dolerán al final, que dolerán sin remedio.

Frauke está a punto de aterrizar en Schönenfeld, con suerte la ciudad del muro la recibirá con un sol alegre de bienvenida y a los 10 minutos, montada en el coche con Uta, sentirá que está en casa, que nunca dejó de estarlo, que es Berlín.

Y Madrid se quedará de repente muy lejos, como algo abstracto y extraño, como una ciudad mágica que sacó de su sombrero de copa un ilusionista. De repente parecerá que no ha pasado el tiempo y que todo lo que fuimos está a años luz de lo que somos. De repente no importará las cosas que dejamos a medias, los lugares de la lista que dejamos de visitar, las noches de fiesta que no tuvimos, las bocas que quisimos besar y no besamos. De repente habremos despertado del sueño y la vida real nos esperará al otro lado.

Pero habrá un lugar escondido en la memoria en el que las esquinas de Madrid se mezclen con las de Berlín, en el que bajando la Gran Vía lleguemos al Kanal, y podamos bebernos juntas una cerveza junto al Spree. Yo volveré a la caída del sol a mi casa de Chueca y Frauke se comprará un kebap de camino a su casa de la Oranien.

Y en nuestra ciudad imaginada, sin límites ni fronteras, no dolerán ni las distancias, ni el tiempo que se marchó volando.

6 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Precioso, un bello micro-relato de amor. De unión y de pasión.
Un beso.

Salud y República

aroa dijo...

y yo que pensaba que se te iba a pasar el emberlinamiento después de ponerte aquella bola en la cabeza

Tendré que ir a Berlín, no tiene perdón que una bávara no conozca la capital... gente de provincia...

Álvaro Dorian Grey dijo...

¿qué será que todas las despedidas son distintas y nos hacen sentir igual???
Saludos y salud, por la cercanía.

Mega dijo...

Esa nostalgia de ensueño es la mejor prueba de que valió la pena. De que seguirá valiéndola en adelante.

Beso desde BRLN

Bernardo dijo...

Siempre duele la distancia. Duele lo hecho(pasado). Y lo no hecho (perdido). Pero es ese ente abstracto (Madrid, por ejemplo)lo que te cura. Beso.

María a rayas dijo...

Álvaro...si que es cierto que todas las despedidas te dejan la misma sensacion siempre (sin embargo las bienvenidas no, verdad?)

Jar, este texto no cuenta como que habla de Berlín. Habla de cuando habitamos una ciudad y volvemos a nuestra casa, y la extraña sensación de que nunca nos fuimos a pesar de lo intenso-vivido...

Mega...siempre vale la pena, claro que si

Rafa, yo diría más que es un relato de aprendizaje, de seguir adelante ayudándose con la imaginación que acerca lugares y personas...

Bernardo...si que es rara la distancia...bienvenido al vestido a rayas...


besos a todos

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas