miércoles, 22 de julio de 2009

La minifalda, los toros y el amor global



Hoy, y sin que sirva de precedente, les hablaré de mi trabajo. No de mi oficina, ya saben, ese lugar enmoquetado y gris donde viven pingüinos y otras especies animales, sino de lo que hago aquí. Digamos que soy una experta en trivial, en banalidades, en datos curiosos que no sirven para mucho, pero que pueden hacerte quedar bien (o mal) en conversaciones intrascendentes. Se lo voy a demostrar:

Estamos en la barra de un bar tomando unas cañas. Hablamos del amor global, de esa fiebre que nos ha dado por querer a los que, como dicen David, están más allá de la M-50 (prohibido, prohibido). Una habla de un amigo de Veracruz que viene a ver a la novia de Pamplona. La otra cuenta del colega madrileño que se enamoró de una libanesa, de una griega o de cualquier mujer de escritura diferente. Otra explica que un amigo mexicano tuvo un hijo con una argentina que se marchó. Y entonces yo les digo...

Hoy me he enterado de que Manolo Escobar conoció a su mujer en un lugar de playa donde tocaba. Ella, alemana de Colonia, veraneaba en la costa catalana. Él, de Almería, emigrado a Barcelona se debió quedar prendado de su rostro germano, de su hablar extraño o de vete a saber tú qué, que el amor es así de extraño. Ninguno de ellos hablaba el idioma del otro y sin embargo siguieron adelante. Por aquel entonces las alemanas eran como las suecas, una panda de liberales y de golfas. Sin embargo a esta no le importó que su hombre le prohibiera ir a los toros en minifalda. Así que continuó el idilio. Acabaron casándose.

Corría el año 1959, ella se apellidaba Marx y la boda se ofició en francés y alemán.
Un amor global como dios manda, y eso que de la globalización aún nadie sabía nada.
Pero es que esto del amor global viene de antiguo.
Que se lo digán si no a Hernán Cortés y a la Malinche.

Sigo así dos cañas más. Nadie dice nada. Ya saben...

9 comentarios:

Aroa dijo...

tiiiiiia, eso lo sabe cualquiera con una abuela enamorada del Manolo... como yo, que me temía que terminara abandonando a mi abuelo con tal de ir a verle al parque de atracciones a un recital.

Anita, la mujer de toda la vida, y Vanesa, esa niña al que él le cantaba: Eres como una princesa, pequeña Vanesa, me falta mirarte, para ser feliiiiiiiiiz... capullito que has nacidoooo de una flor de mi jardín.
A mí, además de que rimar Vanesa me parece un logroncio, que la llamase capullito, me hacía muchísima gracia.

Pero bueno, es que en mi casa, cultura popular cancionil, nunca nos ha faltado...

qué gracioso tó

Mega dijo...

Jaja, como Hernán Cortés y la Malinche. Qué cierto lo que dices, aunque a mí me parece que hasta que se inventó el filtro o coletilla de la globalización, estos amores no tenía ningún relumbre, oye. ;-P
Viele Grüße

lapetiteenbelgique dijo...

Bonita historia que no sabía. El amor global ha existido desde que el hombre es hombre y se ha dedicado a moverse por el mundo.

Yo sé que el amor global puede ser difícil, y a veces uno tiene que luchar mucho más que en circunstancias más habituales.

ANABEL dijo...

Pues hasta ese tipo de globalización tiene detractores.
Besos

María a rayas dijo...

Anabel, claro que tiene detractores...yo soy la primera...el amor global es una mierda...coincido con lapetit (me alegra verte por el vestidoarayas), uno tiene que luchar mucho más y a veces es tan difícil que se acaban sin remedio(de ahí que sea detractora, es que a veces esos amores son taaan tristes...snif...)

Pero aparte de este tipo de "detracción" ¿qué otros motivos puede haber? A la gente le gusta criticar todo (hasta al amor...)

Aroa, que eras una friki ya lo sabía, pero con esto me has dejado muerta. Me gusta saber que sigues siendo una caja de sorpresas en cuanto a mitos populares (y yo que creía que nada podía superar a lo de charlton...)

Mega...algo de relumbre tenían, aunque no sé si bueno o malo (porque anda que los abuelos con familias cubanas o panameñas...amores globales o infidelidades globale,que eso tb es un tema...)

un abrazo a todas!!!!!!

NáN dijo...

¡Me ha encantado!

Pero retrocedamos dos años. 1957. Miles Davis va a tocar a París y se queda un tiempo. Juliette Greco y él se enamoran apasionadamente y viven una historia brutal a pesar de que él no hablaba francés y ella no sabía inglés.

No lo necesitaban.

Tan bruutal que cuando la historia se rompió Miles no encontró nada que le quitara el desconsuelo, salvo la heroína: su primera entrada en ese callejón del que tan bien supo salir, como otros muchos músicos de jazz.

Pregunta para el trivial: ¿por qué los artistas heroinómanos, yonquis profundos, muchas veces al ver que afecta a su arte son capaces de dejar la droga, pasar una semana de mono horrible y no volver a recaer?

María a rayas dijo...

mmmm difícil la pregunta trivial...supongo que porque su arte es un vicio mucho mayor que cualquier droga...
digo yo no???
besote Nan

lapetiteenbelgique dijo...

Gracias, María, pero la verdad es que me paso a menudo por aquí, aunque no diga nada :)

Pero es que ese tema me toca muy de cerca, y sí que pueden ser historias muy tristes y que le hacen a uno desgastarse.

Un beso

María a rayas dijo...

petite...estos amores globales son intensos y difíciles, pero también tienen un romanticismo que engancha, no te parece...y luego cuando pasan y duelen es difícil verlo...pero siempre tienen algo de intenso y bello..

y por eso son una perdición...

un abrazo!!

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas