miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sucumbir


Cómo entender que el mapa no está escrito y que sin embargo será él quién nos lleve a todas partes, quién nos indique nuestro destino, quién nos escriba el futuro. Cómo entender que ha llegado otro otoño, que las cosas son distintas y sin embargo todo sigue igual. Tan mortalmente aburrido como siempre. Tan extraño y tan familiar. Cómo entender que es uno más. Que es uno menos.

Quizá era más fácil ponerse el vestido a rayas, acurrucarse en el sofa y sentir el ronroneo blanco y peludo de un gato, como Marcella en su cuadro verde. Quizá era mejor mirar con resignación y nostalgia la vida, rodeada de botellas vacías y paredes llenas de viejas historias. Quizá era más fácil, pero no más feliz. No mejor.

Pero nadie nos dijo tal cosa aunque todos la creyéramos. Nadie nos dijo que ver amaneceres supondría después un  atardecer. Nadie nos advirtió que vestirse de luto y pintarse la sonrisa mientras fuera comienza un invierno sería algo tan complicado. Que arañar las horas, que hacer como si no pasara nada sería la única forma de sobrevivir a los días muertos (y a los días de muertos). 

Nadie dijo que lo desconocido era mejor. Solo que era más emocionante. Quizá embarcarse en días de tormenta acabó en naufragio. Pero quién dice, digo yo, que no mereció la pena llegar a una isla desierta mecida por un recuerdo de sol.

Nadie nos explicó que crecer era sentir nostalgia por salones oscuros de cortinas de encaje, de días de lluvia y manos que jamás te rozaron. Nadie nos dijo que crecer era ir perdiendo y ganando para perder otra vez.

Será que anochece pronto y no hay calefacción en esta casa vacía.
Será que todo parecía fácil y ahora parece difícil.
Será que hemos sucumbido.
Tocado y hundido.
Una vez más.

4 comentarios:

NáN dijo...

¡¿No te habían dicho desde Primaria que Pérdida y que Dolor son cartas fijas, de las que más salen?!

Inconcebible.

Pero mira, no se trata de ganarle a la vida, se trata de aprender a jugar las cartas que te salen con tal arrojo y sabiduría que al final de cada partida, te hayas ganado ti misma.

Y ahora me calo el sombrero de lluvia, que es el mismo que el de sol, y me voy a ver a Vera.

Hala.

Aroa dijo...

no sé qué haces que no estás aquí ya... que, al menos, la casa no está vacía (aunque no pienso poner la calefacción hasta más frío...)

NáN dijo...

¡¡Ya hace frío!!

Dale cobijo y ánimo.

María a rayas dijo...

Nano, no me lo dijeron...qué quieres...supongo que de ahí la sonrisa roja y toda la ingenuidad que me ronda...

inocente que es una...
a ver si te encuentro por Malasaña y me cantas una coplilla

besote

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas