lunes, 18 de agosto de 2008

MMG (maldito mundo globalizado)


Nos enseñaron que teníamos derecho a todo. Que podíamos comernos el mundo con patatas, y sin indigestarnos, llegar más lejos que nadie.

Y lo hicimos.

Conquistamos el mundo y lo reducimos a una red de vías de tren (primero, aún meros adolescentes, mochila al hombro), a una Europa de 12, de 15, de 25, de 27 y suma y sigue (hablaron entonces de generación Erasmus, o generación Orgasmus, o generación de parejas abandonadas por amores extranjeros), a un lugar repleto de conexiones aéreas baratas con las que convertir lo exótico en posible, en destino común de vacaciones (siempre más lejos, siempre más raro, siempre más distinto).

Pero conquistado el mundo, no llegó la felicidad. Nosotros que teníamos derecho a todo, no pudimos evitar preguntarnos si no habría algo más...

Así que empezamos a añorar la vida tranquila de los que vivían y nacían en el mismo lugar, de los que tenían claras sus raíces y una idea intensa y profunda de lo cierto, en vez de una idea general de lo abstracto. Empezamos a odiar ese MMG al que estábamos enganchados. Ese MMG del que formábamos parte, ese MMG propio que nos había ganado la partida.

Un día nos dimos cuenta de cuánto dolía, de que nuestro corazón había quedado repartido en muchos rincones, había sido entregado a muchas personas de distintos acentos, había estado desnudo en muchas calles de muchas ciudades extrañas que fueron propias. Un día nos dimos cuenta de que la ciudad estaba vacía, como un Madrid en pleno mes de agosto: Había quien se había ido cerca, a una ciudad de frío, dinero y posibilidades laborales. Había quien se había marchado persiguiendo una mujer de ojos oscuros y alfabeto diferente. Había quien, fruto de ese MMG, buscaba sus raíces en un lugar nacido y no intuido. Había quien no quería enamorarse y cruzaba el charco huyendo de unas manos de panadera. Había incluso quien había convertido ese MMG en un modo de vida e iba de un lado para otro desentrañando esquinas.

Ese día, la ciudad vacía, buscamos un plano en el que señalar con un punto rojo, "usted está aquí", tan perdidos como nos hallábamos. Pero lo que encontramos fue una red de vías de tren y conexiones aéreas baratas: un sinfin de posibilidades

Entonces, como teníamos derecho a todo, nos dejamos llevar...

8 comentarios:

Anita dijo...

Por mucho que nos movamos, conozcamos, exploremos... tarde o temprano "todas las ovejas vuelven a su redil". Curioso ver cómo "emigramos por placer quincenal" y los que realmente se fueron vuelven a sus raices 15 o 30días aprovechando cada minuto, oliendo lo que olieron de niños, comiendo lo que comieron, visitando a quien tuvo la suerte de no moverse de la tierra...

Seguramente cargan sus maletas con oxigeno de pueblo y ganas de volver al lugar de donde nunca debieron partir.

Muakk

NáN dijo...

Hace tiempo que decidí no creerme casi nada y quedarme en Mi Malasaña Genial. Como un paleto de pueblo (me gusta Malasaña y me gustas tú).

Os veo ir, volver, contar, crecer. Y al final, cuando se empieza a reflexionar, ya no hay diferencias entre los paletos y los viajeros (te disparan al corazón desde cualquier penumbra de cualquier lugar del mundo).

Y a la miseria de ese Maldito Mundo Globalizado se contribuye igual viajando que quedándose. Así que hay poca salida... a no ser que a los hijos de la abundancia, ya caídos del guindo, se os ocurra alguna.

(me gusta Malasaña y me gustáis vosotros).

Además, cuenta Mega sobre la grandiosidad de la caída de la última hoja de un árbol: ¿acaso hay un lugar mejor que otro para verlo?

hdo80 dijo...

estoy de acuerdo contigo Maria MMG...que paso con tus vacaciones, saliste? te quedaste? no tuviste? a ver cuando platicamos que ya tiene mucho que nada.... te mando un abrazote..

FBlack dijo...

bueno yo siempre me acuerdo una canción de los ramones que decía algo así como.."ignorance is bliss"...cuando viajas, ves otras culturas, conoces otras gentes...como bien dices parte de ti se queda y descubres tantas cosas que piensas que debe haber un millón mas por descubrir. A veces envidio la genge que nunca ha salido de su ciudad porque ven el mundo de esa manera tan sencilla y se han adaptado a ese microcosmos, en lugar de esta especie de "azogue" que tengo que cada cierto tiempo me obliga a salir e irme a otro sitio...supongo que algún dia pararemos.
Saludos a rayas!

Manuel Ortiz dijo...

La clave está en no buscar. Como decía Picasso, "yo no busco, encuentro". Que es un poco lo que decía también Machado: "Caminante, no hay camino / se hace camino al andar". Solemos cometer el error de estar permanentemente buscando, lo cual muchas veces nos lleva a mirar sin ver. La vida te va a salir siempre al paso. Mejor no hacer demasiados planes. Por eso me quedo con la última parte de tu entrada: "Pero lo que encontramos fue una red de vías de tren y conexiones aéreas baratas: un sinfin de posibilidades".

Mega dijo...

Formamos parte de esa red inextricable y es tan fácil enredarse en ella una y otra vez...

La vida, como dice Manuel, como dice Nán, está en todas partes. A decir verdad, tú misma eres la vida. ;-)

Besos

María a rayas dijo...

sí, la vida está en todas partes, y a veces, como dice Manuel, el problema está en andar buscando siempre sin pararnos simplemente a disfrutar...pero yo personalmente tengo la sensación de que necesitamos andar de un lado para otro aunque en el fondo mientras andamos así no disfrutemos las cosas tanto como deberíamos y que luego cuando estamos en un lugar quietos...uff...nos parece que se nos cae la ciudad encima...en fin...un lío...que este tema me deja la musa confusa...

un abrazo a todos

en tierra de nadie dijo...

Buen texto, María. Cuánta razón tienes. Moverse de sitio no significa nada, no garantiza nada, aunque nos queramos engañar con lo contrario. Buscamos lejos lo que quisiéramos hallar cerca. Al final, las rutinas son lo poco (o lo mucho) a lo que aferrarse.

De vuelta en Madrid ansío ciertas rutinas, como el Bremen, que nos salvan.

Tengo ganas de veros a todos ya.

Besos

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas