martes, 12 de agosto de 2008

souvenirs


Y luego, de las guerras, solo quedan las condecoraciones vendidas a tres euros en mercadillos de domingo, las fotos en blanco y negro apolillándose en el cajón de la cómoda vieja de la abuela, los agujeros en las paredes que van llenándose de barro, las tejas de distinto color en los edificios históricos, los héroes que se convierten en estatuas y llenan las plazas en las que luego nos bebemos una cerveza, los libros de historia llenos de fechas y batallas...

Pero entre tanto, antes de alcanzar la eternidad, las guerras siegan nuestros presentes y nos convierten en polvo. La vida nos cambia de la noche a la mañana y lo abstracto, esa palabra que está en boca de todos pero que la mayoría no puede imaginar, se convierte en terrible y en real. Salimos (a dónde) a disparar a un enemigo invisible que no conocemos, que nunca nos hizo nada malo, ni nada bueno, que nunca nos miró a los ojos, ni intercambió una palabra con nosotros. Salimos a disparar a personas que conocimos en el lugar inadecuado, en el campo de batalla, en vez de en una barra de bar. De haberlo hecho ahí, seguro que habríamos reído juntos, habríamos deseado los mismos labios, la misma cama, quien sabe, de haberlo hecho ahí, en la barra de algún bar, tal vez seríamos amigos.

Pero antes de ocupar vitrinas y librerías, la guerra nos despoja de nuestras esperanzas y nos lanza al absurdo, a un límite insospechado, a un yo que no reconocemos, y ya no nos importan los motivos, ya no recordamos quien empezó las cosas, ni por qué, sólo que la culpa no fue nuestra y que salvamos el pellejo y que sobrevivimos una hora más. Una hora.

Luego están también los titulares de los periódicos que nos convierten en espectadores. Se creen desafíando al olvido, pero lo único que hacen es proporcionar pan y circo a esa parte del mundo donde la palabra guerra sigue siendo condecoraciones, fotos, agujeros y estatuas en medio de la plaza...

para los que no podemos imaginar...
los que no tenemos ni idea...



En la foto, Pat y yo en un puesto de souvenirs junto al Check Point Charlie.
Berlín, mayo de 2007

8 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Un precioso alegato pacifista. ¡Qué bien lo dices!
Un beso.

Salud y República

Avan dijo...

siempre lo digo....pobres matando a pobres en nombre de nada.

brujaroja dijo...

Tenía pensado escribir un post sobre la guerra, sobre Georgia y sobre esos rostros de personas que huyen, que de nuevo se han colado en nuestra retina, pero tú lo has explicado mil veces mejor y has dado en el punto exacto...
Así que me sumo a tus palabras, las comparto.
Y te envío muchos besos

Anita dijo...

En los festivales de folklore siempre se pueden ver grupos (casi todos de la Europa del Este) vendiendo esos "trozos de historia" que mencionas. A propósito, coincidí con un grupo de Georgia e hice amistades con sus integrantes. Espero que no lo estén pasando muy mal con todo esto... ¿cómo puede pasar esto en 2008?

muakk

NáN dijo...

De las guerras quedan contratos (el mercado se ajusta a las necesidades) y una profusión de logotipos que anuncian una vida más feliz.

De las guerras, de todas las guerras, quedan silencios. También historias contadas en voz baja cuando los niños están acostados, aunque uno de ellos se levantaba y pegaba la oreja a la puerta que daba a la sala para no perderse una historia.

Las guerras no terminan hasta que lo hacen todas las generaciones implicadas, incluso las nacidas después. Ni siquiera cuando las Compañías que las promovieron para beneficiarse han dejado de cotizar en el mercado.

Además, siempre hay estúpidos a los que les gusta ponerse en el traje todo tipo de adornos, siempre dispuestos a pavonearse y exigir nuestro respeto. Siempre dispuestos a repetir cuando el amo presenta la historia como es debido.

Pero culparles a ellos es confundir al mensajero con el escritor del mensaje.

María a rayas dijo...

mmm Nan más que buscar culpables se trataba aquí de hacer una reflexión sobre el absurdo de las guerras, sobre esa destrucción que al final convertimos en souvenir, en algo manejable, físico, visual quizá porque así podemos ponerle cara a algo que es muy difícil de imaginar...al menos para mí...yo veo todas esas fotos de edificios destruídos, de mujeres llorando, gente herida, miradas vacías y eso se convierte en el rostro de la guerra. Pero la guerra, lo que es en realidad...se me escapa...

Tampoco sé que debería quedarnos de las guerras (a excepción de la voluntad recia de no repetirlas jamás)y está claro que la vida es supervivencia y que lo más importante al final es sobrevivir (aunque se necesite para ello grandes dosis de olvido)...en fin...sólo sé que no sé nada...

Anita, espero que tus amigos estén bien...

un beso a todos...

Mega dijo...

Buena estampa sobre el absurdo de la guerra. La tuya y la de Nán, que para mí se complementan.

Besos generales

FBlack dijo...

acabo de reparar...el señor de la foto te mira a ti Marcela, o mira el culete de tu amiga???

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas