viernes, 6 de febrero de 2009

sola

Siempre que voy me pasa. Rodeada de embarazadas en esa sala de espera pija y horriblemente calurosa en pleno barrio de Salamanca. No puedo evitar llevarme la mano al vientre como si yo también ocultara dentro un secreto, una vida, un futuro. Pero dentro no hay nada, o al menos nada que vaya a cambiar mi vida de la noche a la mañana. Tampoco a mi lado hay nadie cogiéndome de la mano, acariciando la incipiente barriguita. Tampoco es algo que me importe últimamente.

Pero siempre que voy me pasa. Siempre siento los ojos curiosos de esas embarazadas felices sobre mí y me empequeñezco, como si un libro no fuera suficiente compañía, como si los proyectos, los relatos no escritos, los viajes y todos los sueños no fueran suficientes. No pudieran competir con esos vientres fértiles en pleno proceso de crecimiento. No lo hacen, no me miran, pero a mí me da la sensación de que sí, de qué se preguntan qué hago ahí.
Sin barriga.
Sin acompañante (en caso de que haya barriga)

Yo me escondo de esas miradas inexistentes y me concentro en el libro mientras espero y me repito, como siempre que voy, que la próxima vez no lo haré sola.

Luego salgo a la calle y me meto en una librería.
Se me olvida todo.

8 comentarios:

Mega dijo...

No pueden competir... creo, vamos. (¡Pero a santo de qué tanto competir!) Y qué suerte que los libros -de momento- acompañen tanto...

Beso y ¡buen fin de semana!

ANABEL dijo...

Ni puedes, ni necesitas competir ¿pa' qué?. La superembarazada que fui te dice que no hay nada de lo que presumir. Supongo que vas al ginecólogo de visita rutinaria, lo que merece un elogio tremendo por mi parte. ES que si no, no me explico donde vas a encontrar tantas embarazadas.
Muacccccc, muaccccc
PD Acabo de leer el comentario anterior y veo que en algo coincidimos. Nada de competición

Anónimo dijo...

Hola vestido a rayas
...
Solo quiero decir
que un hijo
es lo mas grande y hermoso
que te puede
ocurrir...
Valeria

nán dijo...

No todos llegamos a ser madres, pero todos somos hijos.

Nacemos con las obligaciones de tener una relación familiar cumplidas.

Ahora, la pregunta importantes es: ¿estamos todo lo vivos que deberíamos estar?

Y creo que la has contestado requetebién. Solo se deben tener hijos cuando de verdad se quiere. Solo se debe leer, pensar, hablar, cuando se tiene la fuerza para ello.

(la próxima vez, échate un pedito sonoro y verás cómo te miran)

Anónimo dijo...

Tosabu dice...... La verdad que un bebé en una familia(padres, hijos abuelos ...)alegra mucho y crea muchas ilusiones pero, en el mundo que vivimos invita poco a la maternidad.Besitos.

María a rayas dijo...

mmm...la verdad es que no se trataba esto de un debate sobre la maternidad...ni tampoco era ninguna competición...solo que rodeada de embarazadísimas (en efecto Anabel solo podía ser en una consulta ginecológica)a una le entra cierto complejo de inferioridad (y eso que todavía no apremia el reloj biológico!!!)
pero tendré en cuenta lo que dice Nan para la próxima vez (en vez de ir acompañada me tomaré un plato de fabada antes, a ver si asi...jijiji)

Valeria, no dudo que tener hijos sea una experiencia maravillosa (y parece que hablas por experiencia propia...)

Mega, los libros acompañan siempre (si queremos, porque esto de la soledad tiene mucho de propio, depende más de nosotros mismos de lo que creemos)

Tosabu es cierto que el mundo invita poco a la maternidad, pero también es cierto que nunca creeremos estar preparados o que el momento es el adecuado...uff...este tema da para un debate muy largo (que creo que ya hemos tenido alguna vez y en el que estoy bastante de acuerdo contigo, la verdad...)

un beso fuerte a todos

Microalgo dijo...

Pero larguísimo, el debate.

Yo, porque no estoy por allí, que si no lo mismo me apuntaba a ir con Usted.

Anda que no.

Cecilia Alameda Sol dijo...

si tiene que venir el hijo, vendrá. Pero igual no tiene que venir y eso no le resta luminosidad a la vida.

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas