jueves, 6 de marzo de 2008

tarde de libros

Llegó a casa pensando que después de esta semana de no parar, toca actualizar el blog, que ya va siendo hora. Pero cuando subo las escaleras del metro, enfundada en mi abrigo morado, con la gorra a juego y la bufanda envolviéndome, me encuentro, de golpe y porrazo, con el son aún brillando en la plaza de Chueca. Esto de salir pronto por una vez me encanta. Hasta me ha dado tiempo a ir a apuntarme a un curso que llevo rondando hace días.

Era en una biblioteca cerca de Diego de León. Una biblioteca de barrio, reconvertida, al parecer en un punto de encuentro y lectura. Dentro del recinto había un patio donde varios grupos de adolescentes charlaban entre ellos, había bullicio... También, y esto si que me ha llegado al alma, aparcamientos para bicicletas, ocupados, sí. Pero lo mejor es que dentro, la biblioteca estaba separada en adultos y niños, y en la parte de niños NO había silencio, sino grupos de chicos alrededor de libros, juegos, y papeles en blanco dispuestos a llenares de historias. Una biblioteca viva, divertida, como los libros, por muy mala prensa que tengan entre todos aquellos tristes que se niegan a llevarlos consigo en sus viajes en metro.

Así que cuando he salido a la plaza de Chueca y he visto el sol...ufff....me he dado cuenta que meterme en mi casa oscura a actualizar el blog no era tan buena idea...

Desentrañar la ciudad...alguna exposición...la bicicleta.

Recorrer las calles del barrio, entre coches y calles estrechas, subir las cuestas, bajar la corredera de San Pablo (con los frenos apretados y el viento en la cara) y de repente llegar a Gran Vía. Caminar.

¿Qué exposición? Como no me decidía he acabado mirando libros, perdiéndome feliz entre los estantes, con la tentación de comprar más de uno, y el placer de disfrutarlos todos. Las guías de viajes, los libros de arte, las biografías históricas, los de bolsillo. Al fondo, en una de las plantas, sonaba un piano. Era mi canción favorita de la banda sonora de Ameliè. Me pregunto, ¿alguien me ha leído la mente?, y canturreo en voz alta buscando un libro de Muñoz Molina. E imagino un aliento en mi nuca. Acabo de convertirme en un personaje de libro y alguien me susurra, que también le gusta esa canción, que también busca a Muñoz Molina.

Que tarde increible de marzo. Cuanta felicidad. Cómo revolotea mi musa. Dejaría que saliera y se volviera palabras, si no fuera porque estoy tan ocupada convirtiéndome yo misma en musa de mi propia inspiración,
que
no
tengo
tiempo
(y se queda revoloteando conmigo, feliz de mezclarse entre libros)

7 comentarios:

AROA dijo...

guapa flower!

jiji...

me gusta imaginarte con la bici y sonriente lalala por las calles atestadas de tráfico de Madrid

un punto rojo en el gris
sábado lectura, me han dicho, en manta en el retiro, pongo la manta?

Anab dijo...

Si lo que querías era ponerme verde de envidia, lo conseguiste. Préstame esa tarde aunque sea un rato. Tal vez ya me la hayas regalado con tu entrada.
Encima os vais a leer a un parque precioso el sábado. Realmente me matáis de envidia.
Saludos

María dijo...

Anab...si te soy sincera al final no hubo retiro ni libro, aunque sí cervezas y comida italiana bajo el sol madrileño de marzo...ese que no se donde se habrá metido hoy...

jooo

María dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Señor-INA dijo...

ayyy no escribas sobre libros... que me da remordimiento no haber terminado todavia Rayuela... ayyy

Avan dijo...

Pues el último libro con el que vi a señorina..... no era precísamente Rayuela.

Ejem, Ejem...

Mega dijo...

Sin duda, los libros contienen esa verdad ácida que muestra tu foto...

(A lo mejor el sol que andabas buscando terminó por esconderse en sus páginas.)

Plan de ayer: ir a hacerme unas radiografías. Casualidades con que nos topamos a veces: justo al lado del centro, el Museo Joan Brossa.
¿Es necesario decir dónde me metí primero?

Cuento a la vista

Cuento a la vista
La parte niña del vestido a rayas